Este domingo, poco después de media mañana, los sensores sísmicos en la capital mexicana detectaron un pequeño temblor, pero se activaron “artificialmente”, de acuerdo con un grupo de monitoreo de los calibradores.
“Posiblemente por los saltos masivos”, reportó el grupo, parte del Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas.
¿Qué causó esos saltos masivos? Unos momentos antes, la selección de futbol había anotado un gol contra el equipo potencia, Alemania, en su primer encuentro de grupos en el Mundial, en Moscú.
El Tri mantuvo la victoria, 1-0, y derrotó al campeón que defiende el título en esta Copa. Fue una de las mayores sorpresas que ha dado México en su historia los Mundiales.
Las gráficas sísmicas en Ciudad de México eran una evidencia de la importancia que tuvo el triunfo de los mexicanos, pero había mucho más.
Después del silbatazo final, los hogares mexicanos estallaron en alegría; la gente salió a las calles a celebrar; los desconocidos se abrazaban. Todavía horas después del partido, en la capital mexicana resonaban las bocinas de los autos, los fanáticos fueron a celebrar a las plazas, donde generaron espontáneamente grandes fiestas en las que ondeaban la bandera tricolor, cantaban, gritaban, lanzaban espuma y bebían.EXPLORA NYTIMES.COM/ES
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La alegría, por supuesto, no solo tenía que ver con lo deportivo: para muchos, la victoria —la primera gran sorpresa de la Copa del Mundo— les dio a los mexicanos algo para celebrar en medio de un flujo constante de malas noticias y una campaña electoral cada vez más tóxica que culminará con las elecciones del 1 de julio.
“Es muy sorprendente”, dijo el taxista Juan Rodrigo Guadarrama, de 32 años, en la capital mexicana. “Creí que no valía la pena ver el partido porque nos iban a dar una paliza, creí que no teníamos posibilidades contra Alemania, porque es un equipo muy fuerte, pero esto nos devuelve la esperanza”.
Y añadió: “Estamos tan polarizados, tan enemistados últimamente por las elecciones y todo lo demás que está pasando, que esto nos vuelve a unir y nos hace pensar que todo es posible”.
Mexico ha sido anfitrión del Mundial en dos ocasiones y lo será por tercera vez en 2026 junto con Estados Unidos y Canadá, pero la selección nacional nunca ha avanzado más allá de los cuartos de final.
Poco después del fin del partido, el presidente Enrique Peña Nieto acudió a Twitter para celebrar el triunfo: “Confirmado: México compite y gana frente a los mejores del mundo. ¡Muchas Felicidades a @miseleccionmx! ¡Gran partido!”.
Aunque nadie cuestionaba la intensidad de la felicidad que sentían los mexicanos, algunos expertos cuestionaron la información sobre la actividad sísmica que compartió el Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas.
El diario español El País citó a Arturo Iglesias, un investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México que señaló que un temblor no puede ser provocado por “la actividad dispersa de aficionados”.
uan Carlos Osorio reivindicó el oficio y la labor del técnico de fútbol al darle una clase de convencimiento, mentalidad y estrategia a la Selección de México para llevarla a vencer a una gran Alemania.
En el Luzhniki Stadium de Moscú quedó impregnado el ADN del fútbol que Juan Carlos Osorio ha predicado desde su paso por el Manchester City, allí dejó esa misma esencia que lo llevó a ser multicampeón con Atlético Nacional en Colombia, la misma fórmula por la cual ha sido motivo de injustificadas burlas y desprestigio.
En un post en su blog realizado el domingo por la noche, el Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas hizo retroceder a los escépticos y aclaró que el evento era imperceptible para la población en general. Este tipo de movimientos se pueden calficar como un sismo “artificial”, dijo el instituto, “para determinar claramente que no es un evento geológico”.
La celebración masiva “muy probablemente” fue la causa del movimiento que registraron los sismógrafos, señalaron. Y en México no faltaba gente festejando, en especial después del juego.
El gobierno de la capital dijo que había 75.000 personas reunidas en el Zócalo a mediodía, varias horas después del final del partido. Otras 20.000 se reunieron en el monumento al Ángel de la Independencia y llenaron Paseo de la Reforma y las calles aledañas; las autoridades se vieron obligadas a cerrar el tránsito. En restaurantes y bares repletos se repetía como un mantra el cántico “¡México! ¡México!”.
