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500 años de la Reforma también se celebrara en Boyacá

En Boyacá y el mundo se celebra 500 años de la Reforma de Lutero y la traducciòn de Gutenberg al Aleman, fuera de la traducción en latin que era solo para el uso exclusivo del Vaticano.Con Cine Foros y Conciertos se recordara la Semana de la Biblia, pero por que la reforma es tan importante y que hizo Lutero para impactar la historia.

Han pasado 500 años desde que Martín Lutero clavara sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Si bien no es un hecho confirmado históricamente, bien es cierto que fue un suceso que cambió el mundo, y será un gran aniversario el que se celebre como corresponde en 2017, no solo en las ciudades luteranas de Wittenberg y Eisleben. Martín Lutero, monje, profesor y reformador, es el punto central de toda una década: Alemania festeja a uno de sus grandes hijos

Más que las prácticas religiosas de la Iglesia católica, Lutero criticaba la teología tras las indulgencias, que en su opinión carecía de base bíblica y minaba el papel de la fe cristiana para la salvación. Las tesis, escritas originalmente en latín, proponían ante todo una disputa teológica. La versión tradicional de su publicación –los martillazos del 31 de octubre de 1517 en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg– es probablemente parte de la mitología luterana. Pero algo es claro: tras ser traducidas al alemán y al resto de lenguas vulgares europeas, aquellas tesis marcaron el comienzo de la Reforma protestante, uno de aquellos “eventos centrales” de la historia occidental –como la invención de la imprenta, la subyugación del continente americano por parte de los europeos o la revolución copernicana– que, para bien o para mal, dieron forma al mundo que conocemos. Las tesis llevaron, directa e indirectamente, a una división definitiva de la fe cristiana, a varias guerras europeas, a la fundamentación moral de los Estados Unidos de América y, por vías enrevesadas, a la inquietante expansión de cultos evangélicos en Latinoamérica, con su poder de seducción social, su visión tradicionalista del mundo y su cuestionable influencia política.

El portón frente al cual los turistas de Wittenberg escuchan los clamores del guía con el uniforme de monje no es de madera, sino de bronce: la puerta original desapareció en un incendio en 1760. Tampoco aquel “roble de Lutero”, que también forma parte de los tours por Wittenberg que ahora celebran con gran pompa los 500 años de la Reforma luterana, es el mismo junto al cual el teólogo quemó una carta papal que amenazaba con excomulgarlo. Y no obstante, como efectos dramáticos, las leyendas, las reliquias falsas y los bramidos teatrales parecen funcionar bien. Recuerdan que el inicio de la revolución habrá sido similar: en medio de un escenario provincial, de actos apasionados y ruidosos, y de un mundo muy distinto al nuestro.

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Martín Lutero nació el 10 de noviembre de 1483 en el pueblo minero de Eisleben, en el este de Alemania. Su padre, un administrador de minas de cobre, había logrado ascender a la naciente clase burguesa; el día a día de la familia, sin embargo, no era en absoluto distinto al universo medieval que la rodeaba: un mundo –como lo ilustra la excelente biografía de Lyndal Roper, Martín Lutero: renegado y profeta (2017)– poblado de demonios, superstición, desconfianza frente a los extraños, un patriarcado severo, donde los conflictos se aclaraban con gritos, insultos y golpes, que es en gran medida como Lutero lucharía sus muchas batallas. Según su propio recuento, su juventud estuvo marcada por depresiones y dolores de cabeza, que adscribió siempre a la acción de Satanás, así como por una relación tensa con su padre. Él fue solo el primero, entre las figuras paternales de su vida, con quien Lutero tuvo una relación dificultosa: seguirían Johann von Staupitz, su maestro como monje; el papa, contra quien Lutero escribiría sátiras corrosivas; y dios mismo, a quien Lutero describe como bondadoso, pero a quien temía con un pavor indescriptible.

En 1501, por deseo paterno, Lutero ingresó en la Universidad de Erfurt, donde empezó a estudiar Derecho cuatro años después. Su carrera como abogado no duró mucho. En julio de 1505, de camino a la universidad, Lutero fue sorprendido por una fuerte tormenta. Lleno de pánico prometió a Santa Ana convertirse en monje si era salvado. Aquel mismo año se inscribió en el monasterio agustino en Erfurt e inició su carrera como teólogo brillante y, más tarde, letal. La conversión de Lutero ha sido comparada –entre otros por Lutero mismo, siempre dispuesto a leer su vida en términos sobrenaturales– a la de Saulo de Tarso, alias san Pablo. Como sea, la decisión repentina y rebelde de entrar a la vida monástica sería el primero de muchos giros impulsivos. Como escribe Erik H. Erikson en Young Man Luther (1958), un clásico de la literatura psicoanalítica sobre Lutero, “todo de lo que Lutero formó parte, todo lo que hizo parte de él, fue eventualmente destruido o rejuvenecido”.

En 1507 Lutero se recibió como sacerdote y empezó a enseñar Teología en Wittenberg, la cercana ciudad universitaria donde se volvería famoso. Sabemos que la vida monástica nunca lo satisfizo. “Si hubiese durado más”, diría más tarde, “me habría martirizado hasta la muerte con vigilias, oraciones, lectura y otros trabajos”. Su problema: intentar inútilmente cumplir con los actos externos que se le exigían a un monje jamás le dio tranquilidad espiritual. La antipatía de Lutero frente al formalismo católico como vía a la salvación había empezado a despertar, junto con la pregunta central de su teología: ¿cómo consigo un dios misericordioso?

En 1510, Lutero fue enviado a Roma como representante de su monasterio. Cumplió fielmente su misión, junto con la visita habitual a reliquias (partes del cuerpo, huesos, secreciones de santos) y la compra de indulgencias para su abuelo muerto. Pero su irritación frente a las doctrinas no apoyadas por la Biblia y la corrupción de la Iglesia católica iba en aumento. De regreso en Wittenberg siguió percibiendo cada vez mayores diferencias entre la Iglesia de su tiempo y la del Nuevo Testamento, y en algún momento entre 1511 y 1515 tuvo otra revelación transformadora. Leyó en la epístola de Pablo a los Romanos: “Porque en el evangelio la justicia de dios se revela por fe y para fe, como está escrito: mas el justo por la fe vivirá”. Allí estaba la clave de la teología luterana: solo a través de la fe en la justicia dada a los hombres por dios pueden los cristianos recibir la gracia divina.

Es de esta convicción que surgieron en 1517 las 95 tesis contra las indulgencias. En 1518 aparecieron el Tratado sobre la indulgencia y la gracia, escrito en alemán, es decir dirigido a un público más allá de los círculos eclesiásticos y académicos. En los meses siguientes, las críticas de Lutero contra las indulgencias se volvieron más agudas y los conflictos con la Iglesia de Roma se intensificaron. Los biógrafos subrayan el hecho de que Lutero, al inicio, solo quería enmendar una interpretación errada de las enseñanzas cristianas, no provocar una división de la Iglesia occidental. Pero poco a poco, ambos bandos se enardecieron mutuamente, y los reclamos del Vaticano y los sarcasmos de Lutero se volvieron cada vez más punzantes, hasta el rompimiento total.
En enero de 1546, Lutero emprendió un viaje a Eisleben, donde había nacido, a fin de mediar en un debate político local. Durante el viaje sufrió un desmayo, que explicó como un acto del demonio. Y tras varios días de discusiones y visitas agotadoras, Lutero murió, probablemente de un paro cardiaco, en la mañana del 18 de febrero, rodeado por sus hijos, sirvientes y doctores. Todos ellos dejaron informes detallados sobre sus últimas horas. Era ya un hombre famoso, querido y detestado en toda Europa y más lejos. Y dejó un legado descomunal y complejo que hasta hoy es difícil de discernir por completo.

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También la conmemoración de los 500 años de la Reforma ocurre en un momento de la historia alemana lleno de contrastes. Las celebraciones subrayan el carácter del luteranismo como fenómeno internacional. Hay guías asiáticas, voluntarios africanos, en la ciudad Wittenberg se sembraron 500 árboles de comunidades luteranas de todo el mundo. Las fiestas ocurren, además, en una zona del país donde la llamada “crisis migratoria” ha llevado a la reactivación preocupante de movimientos de derecha y neonazis. Justo al lado de donde inicia la exposición internacional, cuelgan pancartas del partido Alternativ für Deutschland, que hace campaña electoral con eslóganes racistas. Incluso la muerte reciente de una joven voluntaria colombiana en un trágico accidente de bicicleta en Wittenberg llevó a trolls de internet a comentar: “Si no fuera una extranjera, ni lo nombrarían...”. La administración de la ciudad llamó a realizar un duelo conmovedor

 

 

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