Completa tres días la mesa de diálogo, entre el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Andrés Valencia Pinzón, y los productores de panela que adelantaban una movilización en el municipio de Cite (Santander).
Hasta el momento, se han abordado cerca de 10 puntos que tienen que ver con deudas, promoción al consumo, comercialización, institucionalidad, compras públicas, ordenamiento de la producción, contrabando, Ley 156 entre otros.
"Llegué a la región de la Hoya del Río Suárez, a cumplirle a los paneleros y con la directriz del presidente Iván Duque de dialogar y avanzar en propuestas viables", manifestó el ministro Valencia en el marco de la jornada.
En la reunión participan representantes de las zonas donde se produce panela, alcaldes de los municipios con mayores índices de producción, delegados de las gobernaciones de Santander y Boyacá y representantes de la procuraduría. El contexto La panela es un producto básico de la canasta familiar colombiana; se produce a partir de la molienda de la caña de azúcar, seguido de un proceso de evaporación en donde se forma la melaza, allí se deposita en unos moldes donde se bate y se deja secar hasta que se vuelve sólida y al final se empaca y almacena. Dicho alimento, según la tabla de alimentos del Icbf, tiene vitaminas, calorías, lípidos y hasta minerales como potasio y hierro; es famosa por darle calor y energía al cuerpo humano y es conocida en todo el país.
Su industria genera, según Fedepanela, más de 300.000 empleos directos e indirectos, situándose como el segundo generador de empleo campesino después del café. Los departamentos que más producen son: Santander, Antioquia, Cundinamarca y Boyacá.
Con todo este panorama, actualmente el kilo de panela se está cotizando entre $1.200 y $1.300, cuando en el 2017 se cotizó en $3.400 y $3.800; la disminución ha sido cercana al 55% y el trabajo de los paneleros está dando pérdidas. Aunado al problema de precios un inconveniente adicional es que la producción de panela en el país ha sido siempre artesanal y la reglamentación legal, del Invima y de seguridad social ha sido acogida apenas por el 10% de los paneleros; aun así, en la informalidad, producir un kilo de panela cuesta cerca de $1.900 y con toda la reglamentación hasta $2.400; dichas cifras muestran la quiebra.
El gobierno ha intentado tratar el problema desde hace años, pues la crisis del sector, a pesar de su agudeza, no es reciente; basta ver los precios en 1990, en el 2009 y en el 2013 para ilustrar algunos ejemplos. Por lo tanto, el problema es más profundo de lo que parece. Los paneleros culpan a las importaciones de jarabe de maíz, de azúcar y a la producción ilegal de panela con azúcar; también a la falta de apoyo en los programas de exportación y tecnificación de los trapiches. Los gobiernos anteriores culpan al exceso de producción, la carente infraestructura vial y la falta de diversificación en la empresa.
